Jesus Camp: Ned Flanders existe
En Dakota del Norte se ha rodado Jesus Camp, el documental más profundamente provocador desde aquel ya lejano año 2001. Como su nombre indica, trata de un campamento de verano religioso. Más en concreto, de los cristianos evangélicos, el semillero de voto republicano. El componente político de esta reflexión puede parecer manipulador, pero después de ver la película, queda claro que no lo es en absoluto. No es una mera cuestión de libertad religiosa, de pensamiento o de opinión.
Fundamentalmente, Jesus Camp nos lleva al campamento de la mano de tres actores principales: Becky Fischer, la monitora principal y alma mater del encuentro, una mujer que ha dedicado su vida a la causa; un niño de 12 años y una niña algo menor. Asistimos al adoctrinamiento de infantes (algunos no tanto, que también salen unos pocos mayorcitos) en una serie de pilares básicos de la nueva corriente religiosa: la teoría de la evolución es mentira, el cambio climático es mentira, el aborto es un genocidio, América es fundamentalmente cristiana y los lobbies ateos la han secuestrado, los homosexuales deben ser perseguidos, los medios de comunicación y Hollywood están en manos del demonio, Harry Potter promueve la magia negra... Algunos de estos niños son incluso adoctrinados en su propia casa, donde reciben su "educación" (no van al colegio).
En palabras de la citada monitora:
No hay duda, con ese tipo de intenso entrenamiento y disciplina, que esos jóvenes están listos para suicidarse por la causa del Islam. Quiero ver jóvenes tan adictos a la causa de Jesucristo como esos otros lo están a la causa del Islam. Quiero verlos radicalmente dando sus vidas por el Evangelio como lo están otros en Pakistán, Israel y Palestina y tantos otros lugares, ya sabes, porque nosotros... perdóname, ¡pero nosotros llevamos razón!
[...]
Puedo ir a un parque de niños que no saben nada del cristianismo, llevarlos hasta el Señor en cuestión de, prácticamente ningún tiempo, y sólo un instante después pueden estar viendo visiones y oyendo la voz de Dios, porque son tan abiertos. Son tan utilizables para el cristianismo.
Una fábrica de pequeños talibanes cristianos, que son conminados a confesar sus horribles pecados (hablamos hasta de niños de menos de 10 años) entre lágrimas y retorcimientos, en trance. Me pareció ver a la niña del Exorcista por allí. Se les asegura que pueden ver y oír a Dios. Y creen que lo hacen.

(...)
Son muchos votos. Los evangélicos, pero no sólo ellos. En un momento de la película los niños son presentados ante una reproducción en cartón de George W. Bush para que le recen a él.
No veo ninguna maldad especial en ellos, salvo en el dichoso Ted Haggard, un manipulador de los de siempre. Las familias, los niños, incluso los monitores del campamento... no terminan siendo al final más que tontos útiles. Toda esa estructura de control al final no tiene que ver con los mensajes de adoctrinamiento, se podrían cambiar y daría igual. Lo importante es el poder y la dependencia.
Copypasteado de/ver artículo completo en: Lágrimas en la lluvia.
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