lunes, mayo 14

Transfusión

Así como la transfusión de sangre revive a los organismos exhaustos, inyectándoles un manantial de energía y esperanza, así las almas se remozan cuando anegan sus eriales los cauces profundos del amor.

El amor, igual que la sangre, constituye un carácter biológico permanente. Cada ser pertenece a un tipo preestablecido de amor, apto por lo pronto para verterse en sujetos afines y para verterse en seres disímiles conforme a postulados psicológicos intergiversables. La transfusión del amor se efectúa de manera más o menos parecida a la de la sangre. Lo mismo que ésta determina cuatro tipos hemióticos en la especie humana, el amor agrupa al individuo en cuatro categorías eróticas: pongamos A, B, C, D. El amante de tipo A es siempre de tipo A, o siempre del tipo C o del D. Lo curioso es que el problema de la transfusión de amor no ha sido abordado todavía. Social y eugenésicamente sería útil. Cuando la simpatía está en camino de cristalizar en amor, los enamorados debería concurrir a un psiquiatra especializado -al amorisconsulto- que dictaminara el acierto de la elección, a través de las tendencias de sus respectivas libidos. Existen almas dispares, astutas en el juego de disimular esa disparidad. Existen temperamentos que aglutinan o disuelven los sentires ajenos. La conjunción perfecta en el amor es obra de un estudio que, la mayoría de las veces escapa a los novios. La inyección sanguínea no se realiza cuando la sangre de uno y otro no opera el milagro asimilatorio. ¿Por qué, entonces, no reglar las inyecciones del espíritu? Al grupo A, formado por “receptores universales”, puede llamársele gráficamente el “grupo egoísta”. Las personas de ese tipo son aptas para recibir el amor de todo el mundo; pero no lo pueden transfundir más que a personas de su categoría. Las hetairas, prueba al canto, que sólo aman a rufianes y gente del hampa… En oposición a este grupo, figura el D, que corresponde a los “altruistas”, a los “dadores universales”, cuyo amor se transfunde a todo el mundo; pero que no pueden recibirlo más que de personas del grupo suyo. Jesús y don Quijote, por ejemplo, cuya efusión llenara la humanidad, célibes aun de espíritu, debido a la pequeñez de María de Magdala y a la zafiedad pastoril de Dulcinea… Los grupos B y C, que pueden recibir amor de los grupos B, C y D, están integrados por los amantes standard, a quienes atan espesas conveniencias y pasiones ordinarias. A veces, cuando reciben un amor altruista, se transfiguran pomposamente en la pantalla de la vida. El caso de Georges Sand, verbigracia, recibiendo los efluvios geniales de Chopin…

Op Oloop, Juan Filloy


Copypaste de El Hombre Que Comía Diccionarios

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martes, abril 24

Argumentos filosóficos contra la enseñanza de la religión en las escuelas

El texto que reproducimos a continuación es el resumen autorizado por los autores de un folleto publicado por la BHA (Asociación Británica de Humanistas) en el año 2001. El opúsculo fue escrito por los miembros del HPG (Colectivo de Filósofos Humanistas), y recoge los resultados de las discusiones entre los miembros del grupo: David Archar, Julian Baggini, Michael Clar, Anthony Duff, Alan Haworth , Richard Norman , Jonathan Rée, Ben Rogers , Nigel Warburton, y Stephen Wilkinson.

INTRODUCCIÓN

… las escuelas religiosas -especialmente las que están financiadas por el estado plantean problemas morales y políticos a todo el mundo. Entre otras cosas, porque por lo general la educación importa, porque los grupos religiosos se sirven de la religión –de muy diversas maneras— para aumentar su poder y su influencia, y por los perpetuos problemas en la relación entre la iglesia y el estado. Pero en la medida en que exista un consenso para aumentar el número de escuelas religiosas, estos argumentos no tendrán demasiado eco.

Lo que nos hemos propuesto ha sido lograr que todas estas difíciles cuestiones vuelvan a figurar en la agenda. Con tal fin hemos redactado nuestro folleto. No encontramos ninguna justificación para aumentar el sector de las escuelas religiosas. Más aún, creemos que las razones que esgrimimos pueden tener repercusiones sobre el modo en que se las regule y sobre la enseñanza de la religión en las escuelas. Argumentamos (acaso a contracorriente de la marea de opinión popular) que las escuelas necesitan ser menos religiosas. No se trata de un argumento radicalmente antirreligioso. En efecto, creemos que los principios argumentativos en los que se fundan nuestras recomendaciones pueden ser aceptados, indistintamente, por creyentes y ateos. Es errado suponer que la creación de nuevas escuelas religiosas es un proyecto social benigno, justo y socialmente deseable; y ha llegado el momento de exponer con claridad cuáles son estos errores. Esto es lo que pretendemos.

LA AUTONOMÍA DE LOS NIÑOS

El más potente de nuestros argumentos es el que pone en el centro de atención la autonomía de los niños o, mejor aún, su carencia de autonomía. La premisa fundamental del argumento es la siguiente: dada la importancia que tienen los compromisos religiosos y axiológicos básicos en la vida de las personas, asumirlos debe ser el resultado de lo que tradicionalmente se denomina un consentimiento válido, esto es, competencia, información completa y voluntariedad. Sin embargo, es muy probable que las escuelas religiosas violen esos requisitos, en parte porque los niños menores carecen de autonomía, pero también por el tipo de trabajo que realizan dichas escuelas.

Competencia

Si consideramos los requisitos por separado, podemos afirmar que los niños –al menos, desde luego, los más chicos— carecen de la competencia necesaria para valorar las distintas concepciones religiosas, a causa de su falta de experiencia y de su desarrollo cognitivo incompleto. Lo que afirmamos es que justamente por estas razones no debemos exponer a los niños a una instrucción religiosa, y si lo hiciéramos estaríamos sacando ventaja de su vulnerabilidad e induciéndoles a adoptar un sistema de creencias cuando, de hecho, carecen de la capacidad para otorgar un consentimiento válido.

Información completa
Es muy posible que las escuelas religiosas tampoco ofrezcan información completa, puesto que la información que brindan está sesgada hacia una religión particular. Para tener información completa no sesgada es necesario conocer todas las opciones posibles, incluyendo el humanismo y otras opciones no religiosas.

Voluntariedad

Por ultimo, si la adopción de la religión de la escuela por parte de los niños es o no es realmente voluntaria, depende de los métodos que se utilicen para enseñarla. En algunos casos los niños son castigados porque no aceptan (o no dan la impresión de aceptar) la religión en cuestión. De ser así, su adopción es involuntaria porque está sujeta a coacción. Pero habitualmente se utilizan métodos sutiles para minar la voluntariedad de las decisiones, por ejemplo, dar por sentada una creencia, confundir los valores morales con los religiosos, imponer el culto y las oraciones.

Contenidos y modos

La mayor ventaja de nuestra línea de argumentación es que evitaría que nos enredemos en un debate substantivo sobre la verdad o la falsedad de las creencias religiosas. El argumento no pretende demostrar que las creencias religiosas son falsas; argumentamos en función de un principio de autonomía –que es válido, aun si la cristiandad convencional fuera verdadera—. Por cierto que el argumento de la autonomía también podría usarse contra ciertos tipos de escuelas humanistas (si existieran), porque el objetivo del argumento no es el contenido de lo enseñado, sino el modo en que posiblemente se enseñe en las escuelas religiosas. Según el argumento de la autonomía, la educación religiosa sería aceptable, si por ello se entiende enseñar a los niños la existencia de diferentes religiones. Lo que no es aceptable es la instrucción o el adoctrinamiento religiosos, porque puede conducir a la adquisición y al mantenimiento no autónomos de creencias significativas.

EDUCACIÓN E INSTRUCCIÓN Y ADOCTRINAMIENTO RELIGIOSOS

…denominamos “instrucción religiosa” a la enseñanza de las creencias religiosas como si fueran verdaderas y con la intención de que los estudiantes las acepten como tales. De acuerdo con nuestra definición, no siempre existe un conflicto entre “educación” e “instrucción.” En el caso de materias como las matemáticas, por ejemplo, es muy posible que coincidan. El mejor modo de lograr que los alumnos acepten las verdades matemáticas es ayudarlos a entender las razones por las cuales son verdaderas. Sin embargo, es difícil entender de qué modo puedan hacerse compatibles la educación y la instrucción religiosas, y esto se debe a que las creencias religiosas, a diferencia de las verdades matemáticas (al menos las matemáticas de la escuela) son controvertidas y problemáticas. Un profesor de religión puede tratar de enseñar de manera consciente todas las razones que generalmente se esgrimen a favor o en contra de distintos sistemas de creencias religiosas, con la intención de que los alumnos estén en condiciones de juzgar por sí mismos, y también con la firme creencia de que es muy posible que los alumnos que juzgan de manera racional y autónoma terminen adhiriendo a las creencias religiosas de su profesor. Sin embargo, un profesor comprometido con la educación no debe simplemente enseñar la religión como verdadera, porque hay otros jueces racionales que creen lo contrario y pueden dar razones para apoyar su posición. Los estudiantes que reciben una educación genuina deben tener conocimiento de esas razones.

Cuando decimos que “las creencias religiosas son problemáticas”, no emitimos un juicio descriptivo. Significa algo más que afirmar que, de hecho, hay algunas personas que no aceptan las creencias religiosas. Por ejemplo, no podemos negar la existencia del Holocausto fundándonos en la comprobación de que hay personas que lo niegan. Los desacuerdos y las disputas en torno a las creencias religiosas son más profundos y vastos; nuestro argumento sobre el carácter problemático de las creencias religiosas es también normativo; esto es, afirmamos que las personas no se ponen de acuerdo sobre estas cuestiones, que ambas partes pueden presentar buenas razones, pero que esas razones no son concluyentes. Es posible que existan creyentes que rechacen nuestro argumento y piensen que sus creencias no sólo son verdaderas, sino que son obvias, que son verdaderas sin posibilidad de refutación, y que quien las niegue no sólo está equivocado, sino que, además, es irracional. Si tal fuera el caso, el creyente pensaría que la educación religiosa puede ser una forma de instrucción en las verdades de la religión, y que nuestro argumento está derrotado. Nos dirigimos a quienes reconocen –incluso siendo creyentes comprometidos— que las creencias religiosas son creencias en torno a las cuales la gente puede tener buenas razones para disentir.

Adoctrinamiento

Dado que las creencias religiosas son problemáticas y controvertidas, en el sentido al que hemos aludido, sostenemos que es muy probable que el profesor que imparte instrucción religiosa no esté comprometido con una actividad genuina de enseñanza, sino con alguna forma de adoctrinamiento. El término “adoctrinamiento” es un término emotivo y es difícil dar con una definición clara y aceptable. Cuando hablamos de “adoctrinamiento religioso” nos referimos a la enseñanza de las creencias religiosas con la intención de que serán aceptadas, independientemente de las razones que puedan existir a favor o en contra de éstas y otras creencias en competencia. Esta definición recoge de manera efectiva las connotaciones habituales más importantes del término. “Adoctrinamiento”, en este sentido, es un término más fuerte que “instrucción”, pero, en la práctica, la instrucción religiosa es describible en términos de “adoctrinamiento,” puesto que el profesor de religión cuya primera intención es que los estudiantes acepten que las creencias religiosas son verdaderas tendrá que ignorar o minimizar las razones que cuentan en contra de esas creencias. En este sentido, el adoctrinamiento no implica necesariamente manipulación, o “condicionamiento”, o uso de amenazas o instigación. No es necesario que sea un intento de engañar –porque es bien posible que el adoctrinador crea sinceramente en la verdad de las creencias que imparte—. No obstante, argumentaremos que en la práctica es probable que las escuelas religiosas estén comprometidas con la instrucción religiosa y que, dado el carácter controvertido de las creencias religiosas, posiblemente sean espacios en los que se adoctrina, en lugar de impartir una genuina educación.
[…] Consideremos un texto como el siguiente:
“Las escuelas religiosas son lugares en donde se proclama y vive la fe, por lo tanto, son espacios que ofrecen oportunidades a los estudiantes y a sus familias para explorar las verdades de la fe Cristina, para desarrollar la espiritualidad y la moralidad, y tener una base para elegir un compromiso Cristiano. Son lugares en los que se respetan las creencias y prácticas de otros credos…Las escuelas confesionales no son y no deben ser agentes de proselitismo para lograr que los estudiantes se conviertan en Cristianos ( Consultation Report, Diciembre del 2000, Church of England’s Church Schools Review Group, Director Lord Dearing.)

Aparentemente, este texto niega de manera explícita cualquier intento de adoctrinamiento o de promoción de una aceptación no-autónoma de las creencias cristianas. El texto identifica como uno de los propósitos de las escuelas religiosas lo que bautiza como “servicio”: “servir a toda la humanidad” y “ofrecer educación como un objetivo en sí mismo” (3.10 y 1.3. La formulación completa es que “la Iglesia desea ofrecer educación como un objetivo en sí mismo, y como forma de reflexionar sobre el amor que Dios profesa a la humanidad”, pero dejémoslo pasar.) Si la única motivación de las escuelas religiosas fuera realmente ofrecer educación como un objetivo en sí mismo, simplemente porque la educación es una necesidad humana básica que debe satisfacerse, entonces no habría nada que objetar. Eso sería tan aceptable y tan admirable como, por ejemplo, las instituciones religiosas del tipo de la Christian AID y CAFOD, que realizan un trabajo excelente para combatir la pobreza en el mundo y promover ayudas internacionales y desarrollo. Sin embargo, el texto es muy explícito en su afirmación de de que no es éste el único propósito de las escuelas religiosas. Recomienda que se otorgue una importancia creciente a lo que denomina el objetivo de “cultivar” (3.10), tal como se resume en la cita del anterior Arzobispo de Canterbury, Robert Runcie: “el compromiso con los niños y los jóvenes en las escuelas permitirá a la Iglesia:

Alimentar a aquellos que tienen fe

Estimular a quienes profesan otros credos

Desafiar a quienes que no tienen fe” (1.3).

Desafíos

…como ateos que somos, nos hace felices ser sometidos a un desafío y que nuestros hijos también se sientan desafiados, pero ¿por qué la Iglesia y sus escuelas son tan selectivas con sus desafíos? Una preocupación genuina por el desarrollo de la autonomía de los estudiantes debería apuntar a que cuando los niños maduren y sean más capaces de reflexionar y argumentar racionalmente, todos los estudiantes sientan que sus creencias están sometidas a un desafío. Cuando son demasiado jóvenes, deberían ser protegidos frente a una posible imposición prematura de creencias particulares. A medida que crecen, debería estimulárseles para que examinen sus creencias y las sometan a un examen crítico.

LÍMITES DE LA NEUTRALIDAD EN LA EDUCACIÓN
…Ahora bien, ¿la educación debería ser neutral ante cualquier tema en el que haya desacuerdo? ¿Debería tratar toda cuestión como si fuera una pregunta abierta? No. Nosotros no pensamos, por ejemplo, que la educación científica deba ser neutral ante la teoría de la evolución y el creacionismo. Por supuesto que hay gente que admite el creacionismo, pero la defensa que esgrimen no cumple con los mismos criterios de prueba empírica que sí pueden cumplir las teorías científicas. Admitimos que este argumento puede, potencialmente, dar lugar a un regreso al infinito, pero no todos los posibles regresos al infinito son regresos viciosos. Si alguien afirma que el creacionismo sí cumple los criterios científicos de prueba empírica, siempre es posible llevar el argumento hasta ese nivel. Por mor del argumento, siempre sería posible ponerse de acuerdo sobre qué es lo que cuenta como un criterio de una buena prueba científica y, de acuerdo con esos criterios, el creacionismo simplemente está errado, incluso si no estuviera dispuesto a aceptarlo. Pero los desacuerdos sobre la verdad y la falsedad de las creencias religiosas no son de este tipo. Los disputadores racionales pueden aceptar que en ese punto tienen posiciones diferentes y, al mismo tiempo, aceptar que ambos son racionales y que, por esa misma razón, la educación religiosa debería ser neutral.

Valores humanos básicos

Y, ¿qué podemos decir sobre los valores humanos básicos? Por ejemplo, ¿deberíamos afirmar que la condena del racismo o el sexismo es una cuestión abierta, porque hay personas que son racistas y sexistas? Si, hasta cierto punto. Incluso los valores básicos de respeto y compromiso con los otros no deberían ser impuestos de manera autoritaria. Es preciso estimular a los estudiantes para que piensen sobre estas cosas y argumenten de un modo abierto. Sin embargo, también en este caso la neutralidad tiene sus límites. Como instituciones que son, las escuelas no pueden ni deberían ser neutrales en cuanto a los valores humanos básicos. Sus actividades deberían hacer patentes los valores de preocupación mutua y respeto, honradez y equidad, tratando de enseñar esos valores a sus alumnos. Ese tipo de valores son los cimientos de una comunidad mínimamente decente, y lo correcto sería que todas las escuelas estuvieran vertebradas en torno a estos valores. Las creencias religiosas no forman parte de esos consensos mínimos. Se ubican en un terreno más profundo y problemático, y sería aconsejable que las escuelas lo reconocieran, aunque para ello es imprescindible que sean neutrales en este punto.

Como ya hemos dicho, incluso los creyentes podrían aceptar nuestro argumento. Suponemos que un cristiano, un hindú o un musulmán comprometido consideraría que sus compromisos religiosos son algo más que una comunidad humana mínimamente decente. Los verían como una opción, algo que los diferencia de otros, una expresión distintiva y auténtica de su propia identidad. Un compromiso profundo de estas características no es algo que se asuma por el solo hecho de no tener noticia de otras alternativas, o como consecuencia de una presión de cualquier tipo. Es en este sentido que las escuelas religiosas son propensas a fomentar creencias religiosas inauténticas.

FAMILIA Y ESCUELA

[…] A diferencia del papel de la familia, la función de la escuela es, ante todo, lograr que el niño en etapa de desarrollo sea consciente de perspectivas amplias, que advierta la existencia de otras maneras de ver el mundo, de otros grupos y tradiciones culturales. La educación debe proveer a los estudiantes la capacidad para plantarse frente a las creencias y supuestos recibidos, y también la capacidad para formar sus propios juicios críticos y tomar su propias decisiones.

TRES PRINCIPIOS BÁSICOS

[…] Tomando como base nuestra argumentación, hemos construido tres principios básicos, que deberían ser una guía para orientar las políticas a seguir en relación con las escuelas religiosas:
En una sociedad libre y abierta, las creencias fundamentales relativas a compromisos religiosos y axiológicos deberían adoptarse de manera autónoma y voluntaria. Violan este principio quienes intentan adoctrinar a otros –niños o adultos— sirviéndose de su falta de competencia, reteniendo o falsificando la información o los argumentos relevantes, o haciendo uso de coacción o manipulación. Este principio de autonomía ha sido la esencia de nuestros argumentos. Es un principio que, de hecho, acepta la mayoría de la gente, incluidos los creyentes religiosos, y que deberían adoptar todas las personas razonables.

Ni los padres, ni las comunidades religiosas tienen derecho a solicitar el auxilio del estado para que los ayude a inculcar sus creencias religiosas particulares en los niños, ni tampoco para que sus propios proyectos, costumbres y valores se perpetúen a través de sus niños. Los niños no son propiedad de los padres o de las comunidades religiosas, ni son una extensión de la vida de sus padres. Esto significa que las “decisiones de los padres” y los “derechos de las comunidades” no constituyen cartas de triunfo utilizables para justificar alguna elección para los niños.
En una sociedad pluralista y multicultural el estado tiene que promover la tolerancia y el reconocimiento de valores diferentes, de creencias religiosas y de creencias no religiosas. El estado no debe asumir ninguna política que pueda ir en desmedro de la tolerancia o del reconocimiento del derecho de los otros a asumir, por sí mismos, creencias y valores diferentes.

Si tuviéramos que diseñar un sistema educativo empezando de cero, la consecuencia lógica de esos principios sería que no deberían existir escuelas religiosas. Si bien los dos últimos principios sólo se aplicarían al papel del estado en relación con las escuelas religiosas, el primero –posiblemente el más importante— choca con cualquier intento de educar a los niños enseñándoles una única tradición religiosa. Los chicos que se educan en muchas escuelas religiosas carecen de información para tomar una decisión independiente sobre si realmente desean adoptar unas determinadas creencias religiosas y, potencialmente, el éthos de una escuela religiosa, si no es coactivo, produce influencias inapropiadas. Por tanto, todas las escuelas religiosas –incluidas las independientes— están en condiciones de violar el principio.

Aun prescindiendo del primer principio, el segundo y tercero bastarían para argüir en contra del sostén del estado a las escuelas religiosas. El segundo principio afirma que los padres no tienen derecho a esperar que el estado les preste auxilio para instruir o inducir a sus hijos en su propia religión, y de este modo elimina la obligación del estado de apoyar a las escuelas religiosas. El tercer principio proporciona una razón para que el estado se niegue a ayudar a las escuelas religiosas, dado que alentar una educación fundada exclusivamente en una religión particular –cosa que con harta frecuencia supone enseñar que dicha religión “tiene la verdad”— no ayuda a promover una sociedad que fomente los valores del reconocimiento y la legitimidad de las creencias y valoraciones de los otros.

QUÉ HACER CON LAS ESCUELA RELIGIOSAS

Desde el punto de vista humanista, sin embargo, pensar que sería posible suprimir todas las escuelas confesionales o, al menos, retirarle los fondos estatales, sería puro “pensamiento desiderativo”. Una medida así despertaría una enorme resistencia. También sería problemática en extremo, en momentos en que nuestro sistema educativo ya está suficientemente amenazado. A pesar de la creencia extendida de que los filósofos no se ocupan del mundo real, sino de utopías, no deseamos hacer una propuesta imposible de poner en práctica. Por eso, aunque el curso de acción por nosotros defendido pasa por la abolición de, o la retirada de fondos a, las escuelas religiosas, no esperamos que esta reforma radical se ponga en práctica. En lugar de ello, haremos tres recomendaciones prácticas que podrían ayudar a cerrar la distancia entre nuestros tres principios y el statu quo.
Tres propuestas prácticas
El estado no debería apoyar la nueva expansión de escuelas religiosas. Puesto que la sola existencia de escuelas confesionales financiadas por el estado contradice los principios que deberían gobernar una política pública sobre las escuelas religiosas, cualquier intento de aumentar su número es inaceptable.

Desgraciadamente esto podría llevarnos a una situación de desigualdad, porque los cristianos tienen miles de escuelas y las otras religiones solamente un puñado. Sin embargo, pensamos que aumentar el número de escuelas religiosas no cristianas sería una forma errada de enfrentarse a la injusticia. No pensamos, en general, que dos males hagan un bien, o que el mejor modo de enfrentar una situación en la que a un grupo –por razones históricas– se le permite hacer algo contrario a los mejores intereses de la sociedad sea otorgar ese mismo permiso a otros grupos. Creemos que nuestra segunda recomendación es la mejor manera de lidiar con esa injusticia.
La aplicación de la política gubernamental que apunta a la educación religiosa en “múltiples-credos” debería abarcar también a las escuelas religiosas. En este momento existe una ley que obliga a las escuelas públicas a exponer una variedad de creencias religiosas diferentes, y esto forma parte del currículo de los estudios religiosos. Pero las escuelas religiosas están eximidas de su cumplimiento, y eso es incompatible con los principios que defendemos. Esto mina el reconocimiento y la tolerancia de las creencias de los otros, porque no les otorga la misma importancia en el plan de estudios. Además, represa el desarrollo de la autonomía de los niños, porque les niega la posibilidad de tener información completa sobre creencias alternativas. Por lo demás, utiliza los recursos del estado para contribuir a imponer las creencias religiosas de los padres a sus hijos. Si hubiera que permitir que las escuelas religiosas siguieran existiendo, entonces todas ellas tendrían que hacer un esfuerzo sincero por incluir un objetivo en su educación religiosa: el tratamiento justo y equilibrado de otros sistemas de creencias.

El requisito legal de y las guías para una educación religiosa de múltiples credos deberían ser revisados, a fin de que incluyeran la enseñanza obligatoria de posiciones no religiosas, como el ateísmo y el humanismo. Una reforma del sistema de educación religiosa es incompleta, a menos que reconozca de manera adecuada la importancia de las concepciones no religiosas. Los niños no tendrían un panorama completo si no fueran conscientes de que existen alternativas laicas. Tampoco se puede hablar de una sociedad genuinamente pluralista, si reconoce la legitimidad e importancia de las religiones, pero no las de las concepciones no religiosas del mundo. Sin embargo, hasta el presente, las políticas que gobiernan la educación religiosa de las escuelas del estado no requieren, de manera explícita, la inclusión del ateísmo, agnosticismo o humanismo en sus programas. Y esto, a pesar del hecho de que al menos un cuarto de la población es atea o agnóstica. A menos que se rectifiquen esas políticas, está gravemente amenazado cualquier trabajo que se realice para lograr una sociedad inclusiva, que fomente el mutuo reconocimiento y el entendimiento entre creencias diferentes.

LA PERSPECTIVA FILOSÓFICA HUMANISTA

Estas recomendaciones y los argumentos que las justifican han sido elaboradas desde un punto de vista humanista declarado. Sin embargo, como filósofos humanistas que somos, creemos que los temas de este tenor no deberían enfocarse desde ningún dogma o credo, sino en virtud de principios y argumentos aceptables para las personas racionales. Pensamos que los argumentos que hemos volcado en nuestro folleto coinciden con este compromiso. Los creyentes y los no creyentes están igualmente preocupados por lograr que las creencias se adopten de manera autónoma; piensan que los niños no son un simple títere de sus padres o de las comunidades, y que debemos construir una sociedad incluyente y multicultural. Por tanto, nuestros argumentos no son panfletos contra de la religión, sino apelaciones a la razón que los creyentes también podrían aceptar. Todos nosotros, creyentes, agnósticos y ateos, tenemos razones para justificar que no debería aumentar el número de las escuelas religiosas, y que deberían ser reformadas para hacerlas compatibles con una sociedad decente y tolerante.

Copypaste from Sinpermiso. Para mi enseñar a los niños pequeños religión es como enseñarles los principios de Cocacola Company, una adoctrinación involuntaria promovida por intereses privados. Así que quien quiera peces que se moje el culo y que dejen el sistema educativo para las cosas realmente útiles.

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lunes, abril 23

Ojalá los libros fueran coches

¿Qué es más irritante, ser robado o que lo tomen a uno por idiota? En este día del libro nuestros políticos nacionales, de la mano de los europeos, han conseguido la rara hazaña de irritarnos a la vez por ambos conceptos. Por una parte crean una nueva tasa sobre los libros según cómo se usen: los que estén en bibliotecas pagarán extra. Por otro aseguran que en ningún caso será el usuario el que abone la tasa, puesto que los gobiernos central y autonómico se encargarán de su pago. ¿Y con qué dinero, cabe preguntar, con el sueldo de los señores diputados o europarlamentarios? No: con el de los presupuestos que sufragamos todos los ciudadanos con nuestros impuestos. Y todo para favorecer a unos particulares: en concreto a una industria anclada en una lógica perversa basada en controlar y cobrar una y mil veces el producto una vez vendido.

Para entenderlo, usemos una analogía: imagine que la venta de coches funcionase como la edición de libros o música. Usted compraría un coche, y lo pagaría, y sería suyo. Pero dentro de su precio se incluiría una compensación al fabricante por el negocio que pueda perder si le presta usted su coche a un amigo (canon por reproducción mecánica). Asimismo las empresas de alquiler de automóviles deberían indemnizar al fabricante por sus pérdidas, dado que quien alquila no compra (canon de bibliotecas). El fabricante también cobraría un tanto por litro de gasolina vendido, ya que la mayoría de la gasolina se usa en automóviles (canon por copia privada). Por fin, para llevar otras personas en su coche tendría que pagar otra vez (comunicación pública). Sin duda la industria automovilística solicitaría también duras leyes para acabar con la piratería, con tanta gente comprando gasolina sin canon, prestando el coche durante semanas o viajando con amigos sin pasar por caja. Incluso se hablaría de un diabólico invento llamado 'ferrocarril' capaz de transportar a miles sin pagar un euro por ningún concepto... un invento que la industria estaría intentando ilegalizar, o controlar, o mejor aún cerrar. Porque de lo contrario ¿qué sería de los pobres diseñadores de automóviles?

Pero claro, no es lo mismo. El gobierno no tiene entre sus funciones y objetivos el fomento del parque automovilístico, ni tiene un compromiso especial con los diseñadores de automóviles. Sí que tiene entre sus funciones y objetivos el fomento de la cultura , y entre sus compromisos uno muy especial con los autores, a través de sus representantes. Quizá tanta atención sea la causa última del desastre que se avecina: del modo como los defensores de la cultura y los encargados de su fomento se están cargando la industria cultural con leyes absurdas, contraproducentes e irritantes para sus clientes. Naturalmente, ningún político sería tan suicida como para fomentar así la industria automovilística. Pero la cultura es otra historia; debe ser protegida a toda costa. Hasta su destrucción total.

Copypaste from Retiario Desde luego el concepto de fomentar algo haciendo que haya que pagar mas por ello es un tanto confuso.

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viernes, abril 20

Pues haber elegido muerte

De la primera reunión de la comisión interdisciplinaria se puede decir de todo menos que haya transcurrido bien. La culpa, si el pesado término tiene aquí cabida, la tuvo el dramático memorando que los hogares del feliz ocaso entregaron al gobierno, en especial esa conminatoria frase que remataba, Antes la muerte, señor primer ministro, antes la muerte que tal suerte. Cuando los filósofos, divididos, como siempre, en pesimistas y optimistas, unos carrancudos, otros risueños, se disponían a recomenzar por milésima vez la agotadora disputa del vaso del que no se sabe si está medio lleno o medio vacío, disputa que, transferida para la cuestión que los había congregado, se acabaría reduciendo, con toda probabilidad, a un mero inventario de las ventajas o desventajas de estar muerto o de vivir para siempre, los delegados de las religiones se presentaron formando un frente unido común con el que aspiraban a establecer el debate en el único terreno dialéctico que les interesaba, es decir, la aceptación explícita de que la muerte era absolutamente fundamental para la realización del reino de dios y que, por tanto, cualquier discusión sobre un futuro sin muerte sería absurda además de blasfema, porque implicaría presuponer, inevitablemente, un dios ausente, por no decir desaparecido. No se trataba de una actitud nueva, el propio cardenal ya apuntó con el dedo el busilis que supondría esta versión teológica de la cuadratura del círculo cuando, en su conversación telefónica con el primer ministro, admitió, bien es verdad que con palabras mucho menos claras, que si se acabara la muerte no podría haber resurrección, y que sin resurrección no tendría sentido que hubiera iglesia. Así pues, siendo éste, pública y notoriamente, el único instrumento de labor de que Dios parece disponer en la tierra para labrar los caminos que deberán conducir a su reino, la conclusión obvia e irrebatible es que toda la historia santa termina inevitablemente en un
callejón sin salida. Este ácido argumento salió de la boca del filósofo pesimista de más edad, que no contento añadió a continuación, Las religiones, todas, por más vueltas que le demos, no tienen otra justificación para existir que no sea la muerte, la necesitan como pan para la boca. Los delegados de las religiones no se tomaron la molestia de protestar. Al contrario, uno de ellos, reputado integrante del sector católico, dijo, Tiene razón, señor filósofo, justo para eso existimos, para que las personas se pasen toda la vida con el miedo colgado al cuello y, cuando les llegue su hora, acojan la muerte como una liberación, El paraíso, Paraíso o infierno, o cosa ninguna, lo que pase después de la muerte nos importa mucho menos de lo que generalmente se cree, la religión, señor filósofo, es un asunto de la tierra, no tiene nada que ver con el cielo, No es eso lo que nos han habituado a oír, Algo tendríamos que decir para hacer atractiva la mercancía, Eso quiere decir que en realidad no creen en la vida eterna, Hacemos como que sí.

Durante un minuto no habló nadie. El mayor de los pesimistas dejó que una vaga y suave sonrisa apareciera en su cara, con el aire de quien acaba de ver coronado de éxito un difícil experimento de laboratorio. Siendo así, intervino un filósofo del ala optimista, Por qué les asusta tanto que la muerte haya acabado, No sabemos si ha acabado, sabemos sólo que ha dejado de matar, que no es lo mismo, De acuerdo, pero, dado que la duda no está resuelta, mantengo la pregunta, Porque si los seres humanos no muriesen, todo estaría permitido, Y eso sería malo, preguntó el filósofo de más edad, Tanto como no permitir nada.

Hubo un silencio. A los ocho hombres sentados alrededor de la mesa les había sido encomendado que reflexionasen sobre las consecuencias de un futuro sin muerte y que construyesen a partir de los datos del presente una previsión plausible de las nuevas cuestiones con que la sociedad tendría que enfrentarse, además, excusado será decirlo, del inevitable agravamiento de las cuestiones antiguas. Mejor sería no hacer nada, dijo uno de los filósofos optimistas, los problemas del futuro, el futuro los resolverá, Lo malo es que el futuro es ya hoy, dijo uno de los pesimistas, tenemos aquí, entre otros, los memorandos elaborados por los llamados hogares del feliz ocaso, por los hospitales, por las agencias funerarias, por las compañías de seguros, y salvo el caso de éstas, que siempre encuentran la manera de sacar provecho de cualquier situación, hay que reconocer que las perspectivas no se limitan a ser sombrías, son catastróficas, terribles, exceden en peligros a todo lo que la más delirante imaginación pueda concebir, Sin ánimo de ser irónico, que en las actuales circunstancias sería de pésimo gusto, observó un integrante no menos reputado del sector protestante, me parece que esta comisión ya nació muerta, Los hogares del feliz ocaso tienen razón, antes la muerte que tal suerte, dijo el portavoz de los católicos,
Qué piensan hacer, preguntó el pesimista de más edad, aparte de proponer la extinción inmediata de la comisión, como parece que ustedes desean, Por nuestra parte, iglesia católica, apostólica y romana, organizaremos una campaña nacional de oraciones para rogar a Dios que providencie el regreso de la muerte lo más rápidamente posible a fin de ahorrarle a la pobre humanidad los peores horrores, Dios tiene autoridad sobre la muerte, preguntó uno de los optimistas, Son las dos caras de la misma moneda, a un lado el rey, al otro la corona, Siendo así, tal vez la muerte se haya retirado por orden de Dios, En su tiempo conoceremos los motivos de esta probación, mientras tanto vamos a poner los rosarios a trabajar, Nosotros haremos lo mismo, me refiero a las oraciones, claro, no a los rosarios, sonrió el protestante, Y también sacaremos procesiones a las calles de todo el país pidiendo la muerte, de la misma manera que lo hicimos ad petendam pluviam, para pedir la lluvia, tradujo el católico, A tanto no llegaremos nosotros, esas procesiones no forman parte de las manías que cultivamos, volvió a sonreír el protestante. Y nosotros, preguntó uno de los filósofos optimistas con un tono que parecía anunciar su próximo ingreso en las filas contrarias, qué vamos a hacer a partir de ahora, cuando parece que todas las puertas se han cerrado, Para empezar, levantar la sesión, respondió el de más edad, Y luego, Seguir filosofando, ya que nacimos para esto, y aunque sea sobre el vacío, Para qué, Para qué, no sé, Entonces, por qué, Porque la filosofía necesita tanto de la muerte como las religiones, si filosofamos es porque sabemos que moriremos, monsieur de montaigne ya dijo que filosofar es aprender a morir.

Las intermitencias de la muerte
-José Saramago

Los signos de puntuación están bien copiados. El hombre este escribe así

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martes, marzo 6

El Obispo de Florida habla...

"Señor Presidente:

Cuente la verdad al pueblo Sr. Presidente, sobre el terrorismo. Si los mitos acerca del terrorismo no son destruidos, entonces la amenaza continuará hasta destruirnos por completo.

La verdad es que ninguna de nuestros millares de armas nucleares pueden protegernos de esa amenaza. Ni el sistema de "guerra en las estrellas" -no importa cuan técnicamente avanzado sea ni cuantos trillones de
dólares se hayan gastado en él- podrá protegernos de un arma nuclear traída en un barco, avión o auto alquilado.- Ni siquiera ningún arma de nuestro vasto arsenal, ni siquiera un centavo de los u$s 270.000.000.000.000.- (si, esos mismos doscientos setenta billones de dólares) gastados por año en el llamado "sistema de defensa" puede evitar una bomba terrorista; esto esun hecho militar.

Como Teniente coronel retirado y frecuente conferencista en asuntos de seguridad nacional, siempre cito el salmo 33 "Un rey no está a salvo por su poderoso ejército, así como un guerrero no está a salvo por su
enorme fuerza". La reacción obvia es: "¿Entonces, qué podemos hacer? ¿No existe nada que podamos hacer para garantir la seguridad de nuestro pueblo? Existe. Pero para entender eso, precisamos saber la verdad sobre la amenaza.-

Sr. Presidente, Ud. no contó al pueblo americano la verdad sobre por qué somos el blanco del terrorismo, cuando explicó por qué bombardearíamos Afganistán y Sudán. -Ud. dijo que somos blanco del terrorismo porque defendemos la democracia,! la libertad y los derechos humanos del mundo.- ¡Qué absurdo, Sr, P residente!

Somos blanco de los terroristas porque, en la mayor parte del mundo, nuestro gobierno defendió la dictadura, la esclavitud y la explotación humana.-

Somos blanco de los terroristas porque somos odiados. Y somos odiados porque nuestro gobierno ha hecho cosas odiosas. ¿En cuantos países agentes de nuestro gobierno depusieron a líderes popularmente elegidos, sustituyéndolos por dictadores militares, marionetas deseosas de vender a su propio pueblo a corporaciones norteamericanas multinacionales?

Hicimos eso en Irán cuando los marines y la CIA derrocaron a Mossadegh porque el tenía la intención de nacionalizar el petróleo. Y lo sustituimos por el Sha Reza Palhevi y armamos, entrenamos y pagamos a su
odiada guardia nacional -la Savak- que esclavizó y embruteció al pueblo iraní para proteger el interés financiero de nuestras compañías de petróleo.-

Después de eso, ¿será difícil de imaginar que existan! en Irán personas que nos odien?

Hicimos lo mismo en Chile, hicimos lo mismo en Vietnam, más recientemente intentamos hacerlo en Iraq. Y claro, cuantas veces hicimos eso en Nicaragua y en otras repúblicas de América Latina. Una vez tras otra, hemos destituido líderes populares que deseaban que las riquezas de su tierra fueran repartidas entre el pueblo que las generó.

Nosotros los reemplazamos por tiranos asesinos que venderían a su propio pueblo para que, mediante el pago de abultadas propinas para engordar sus cuentas particulares, las riquezas de su propia tierra pudiera ser tomada por la Dominó Sugar, la United Fruit Company, la Folgers, y por ahí va todo.

En cada país, nuestro gobierno obstruyó la democracia, sofocó la libertad y pisoteó los derechos humanos. Es por eso que somos odiados en todo el mundo. Es por eso que somos el blanco de los terroristas.-

El pueblo de Canadá disfruta de la democracia, la libertad y los derechos humanos, así como el pueblo de Noruega y Suecia.- ¿Ud. escuchó hablar de embajadas canadienses, noruegas o suecas siendo bombardeadas?

Nosotros no somos odiados porque practicamos la democracia, la libertad o los derechos humanos. Somos odiados porque nuestro gobierno niega esas cosas a los pueblos de los países del tercer mundo, cuyos recursos son codiciados por nuestras corporaciones multinacionales.

Ese odio que sembramos se volvió en contra nuestra para asombrarnos, en forma de terrorismo y, en el futuro, el terrorismo nuclear.-

Una vez dicha la verdad sobre por qué existe la amenaza y una vez entendida, la solución se torna obvia.

Nosotros necesitamos cambiar nuestras costumbres. Librémonos de nuestras armas nucleares (unilateralmente si es preciso) y mejorará nuestra seguridad. Alterando drásticamente nuestra política exterior la asegurará.-

En lugar de enviar a nuestros hijos e hijas a todo el mundo para matar árabes de modo que podamos tener el petróleo que existe debajo de sus arenas, deberíamos mandarlos para que reconstruyan sus infraestructuras, proveerlos de agua limpia y alimentar a sus niños hambrientos.

En vez de continuar matando diariamente a millares de niños iraquíes con nuestras sanciones económicas, deberíamos ayudar los iraquíes a reconstruir sus usinas eléctricas, sus estaciones de tratamiento de agua, sus hospitales, y todas las otras cosas que destruimos y les impedimos reconstruir con sanciones económicas.-

En lugar de entrenar terroristas y escuadrones de la muerte, deberíamos cerrar la Escuela de las Américas.

En vez de sostener las revueltas, la desestabilización, el asesinato y el terror alrededor del mundo, deberíamos abolir la CIA y dar el dinero que ella gasta a agencias de asistencia.-

Resumiendo, deberíamos ser buenos en lugar de malos, y de serlo, ¿Quién iría a intentar detenernos?¿Quien nos odiaría? ¿Quien nos querría bombardear?

Esa es la verdad, Sr. Presidente. Eso es lo que el pueblo norteamericanoprecisa escuchar”

+ (PE/D-Baires)

(*) Robert Brown, Obispo de la Iglesia Católica Church, Melbourne Beach, Florida, EE.UU., Teniente Coronel (Jubilado), excombatiente de Vietnam, voló en 101 misiones de combate en Vietnam. La carta fue publicada por Difundir Buenos Aires

Original vía Menéame

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miércoles, febrero 7

Literatura y mercado

En los últimos decenios asistimos a una ruptura de dicho equilibrio. Los pesos pesados del mundo editorial sólo quieren publicar lo que, acertadamente o no, consideran productos de venta fácil y marginan aquellas novelas que, en razón de su complejidad o por su voluntad innovadora, no responden al conformismo y pereza intelectual de una mayoría anestesiada por la telebasura o las revistas sobre la gente guapa.


Juan Goytisolo:

El autor de obras como Reivindicación del conde don Julián asegura y lamenta que las editoriales hayan dejado de publicar novelas que por su complejidad complacen la pereza de los amantes de la telebasura. Reprocha que algunos intelectuales sostengan que los mejores libros son los que se venden más. Insiste en la desertización cultural.

Como todos los años, el balance de las obras literarias correspondiente a 2006 se presta a opiniones encontradas. Para unos, se trata de una cosecha feliz; para otros, de un reiterado estiaje. Probablemente, ambos puntos de vista disponen de argumentos en su favor. Dependen, claro está, del acento que ponen, ya en los resultados de la promoción comercial de ciertos autores y títulos, ya en la rareza de unas rosas de arena creadas en el desamparo de una semiclandestinidad.

No obstante la "perversa inclinación nacional por los malos poetas" señalada por Márquez Villanueva, a ningún perpetrador de versos mediocres se le ocurre la peregrina idea de vivir de ellos: se valdrá a lo sumo de su vanagloria y destreza para forjarse una carrera rentable y escalar a pulso a la cima de nuestro Parnaso. Mas el caso de la novela es distinto: desde la popularización del género a mediados del XIX, han coexistido en ella el texto literario y el producto editorial, Stendhal y Sue, Flaubert y Dumas, Joyce y los epígonos de Balzac. Grandes editores como Gallimard compaginaban felizmente los éxitos de ventas con textos de una expresión literaria refinada y extrema. Los beneficios encajados con los primeros permitían la publicación de los exploradores de nuevos ámbitos. No olvido, desde luego, que grandes novelistas -Toltói, Mann, García Márquez...- alcanzaron o han alcanzado en vida un envidiable número de lectores, pero son una excepción. En cualquier caso, no se propusieron jugar con dos barajas: su logro no obedecía a cálculo personal alguno sino, como leemos en Las mil y una noches, a una venturosa confabulación del azar.

En los últimos decenios asistimos a una ruptura de dicho equilibrio. Los pesos pesados del mundo editorial sólo quieren publicar lo que, acertadamente o no, consideran productos de venta fácil y marginan aquellas novelas que, en razón de su complejidad o por su voluntad innovadora, no responden al conformismo y pereza intelectual de una mayoría anestesiada por la telebasura o las revistas sobre la gente guapa. Más grave aún, con el aval de la prensa afín, e incluso de un ilustre académico, sostienen que las mejores novelas son las que venden más: ¡dictamen inapelable que enhesta a El código Da Vinci, La sombra del viento o La catedral del mar a alturas de una himalayana sublimidad!

La condena implícita de la rareza o anomalía promueve la consabida reincidencia en temas históricos, folletinescos o costumbristas, cuyos ingredientes -sexo, misterio, exotismo, ciencia-ficción- son conocidos de antemano por el lector. El aletargamiento del público se propaga a su vez al autor y le induce a dar más y más de lo mismo. La belleza y precisión del lenguaje no cuentan y, aún menos, la audacia de la propuesta artística. Los escaparates de las grandes librerías y los muestrarios de almacenes y supermercados revelan los resultados de esta poco gloriosa complicidad.
El elevadísimo número de publi

caciones en un país como España, en donde la lectura es escasa -aunque no conduzca ya "a los hombres o la hoguera / y a las mujeres a la casa llana", como en tiempos de nuestro primer escritor-, agrava aún la desertización cultural. Las novedades se suceden a un ritmo cada vez más célere y las novelas minoritarias, publicadas por editoriales pequeñas, desaparecen pronto de los estantes (¡si es que llegan a ellos!) y caen en el pozo negro en el que se almacenan las obras devueltas y condenadas a la destrucción.

La voracidad del mercado y los apriorismos de la institución literaria contribuyen así a la exclusión de una serie de autores que a lo largo de los últimos decenios han creado una obra considerable. Lejos de los centros del poder mediático y de los promotores de la visibilidad, permanecen en un limbo del que sólo les rescata una conmemoración huera o la curiosidad arqueológica de un investigador. Ciñéndome a los ya fallecidos, me pregunto: ¿quién conoce hoy Escuela de mandarines, de Miguel de Espinosa? Pero también los etiquetados como metafísicos o los que despuntaron con brillantez durante los primeros años de la transición han sido sepultados en vida y no disponen siquiera de lápida en su cementerio. La reaparición de alguno, como Ramiro Pinilla, tiene todos los visos de milagro, de una increíble resurrección.

La actualidad avasalla a la modernidad. Como observó uno de mis maestros, cuanto fue actual ayer ya no lo es hoy, y lo que es hoy, no lo será mañana. La modernidad, en cambio, circula como un manantial subterráneo a través de los siglos. Leemos La lozana andaluza con la misma impresión de frescura de una gran novela contemporánea. Pero las obras indultadas por el paso del tiempo son más bien escasas. Nadie recuerda hoy a los campeones de ventas de la época en la que me aventuré a hollar por primera vez el sendero abrupto de la literatura.

La prensa de alcance nacional y sus suplementos culturales colaboran también en el extrañamiento de lo queer o anómalo (alguien me calificó una vez de "escritor raro" ignorante sin duda del inmenso e inmerecido elogio que ello suponía para mí: ¿no se definió Cervantes a sí mismo como "raro inventor"?). Las novelas innovadoras ajenas al entramado de la mercadotecnia suelen ser dejadas de lado -salvo en el caso de escritores ya viejos y conocidos- en provecho de las más comerciales. Si a ello se añaden las dificultades de incluir en sus páginas una indispensable reflexión sobre las lecturas reductivas del pasado y sus ocultaciones, origen de nuestra ya crónica discontinuidad cultural, el panorama revela bajo el barniz de una seudomodernidad, el conformismo heredado de la ideología nacional católica que vertebró el franquismo.
Pocos parecen advertir que el

célebre aforismo de André Gide -"lo que se comprende en un abrir y cerrar de ojos no suele dejar huella"- mantiene su vigencia al hilo de los días. Necio sería el escritor que se lamentara de su incomprensión cuando ello constituye a menudo una prueba de la capacidad innovadora de su empresa. La propuesta literaria original o insólita choca con la rutina de lo establecido y quienes apuestan por la literatura lo saben. Se requiere con todo una buena dosis de honradez, paciencia y fe en el futuro como los que alientan en algunos novelistas jóvenes o menos jóvenes que iniciaron su ardua andadura a mediados de los noventa del pasado siglo. Pienso en obras y autores como El paraíso perdido, de Antonio Pérez Ramos; I love you Sade y La fiesta del asno, de Juan Francisco Ferré; Nembrot y Cabo de Hornos, de José María Pérez Álvarez; Fragmenta y En esa ciudad, de Javier Pastor; El mundo a media voz, de José María Ridao; Retrato de un asesino en prácticas, de Francisco López Serrano; El vano ayer, de Isaac Rosa... Otros y otras habrán escapado a mi atención y, como empedernido lector que soy, lamento su omisión y mi deplorable descuido.

En un universo subyugado por la dictadura de lo trivial, su resistencia tenaz, casi heroica, constituye la garantía de la supervivencia de un género que, como la mejor poesía de siempre, florecerá en adelante en la calidez de la confidencialidad. La gloria es efímera y quienes toman su obra en serio en vez de tomarse en serio a sí mismos no se exponen, como los últimos, a los vuelcos de una moda que arramblan con quienes la siguen. Como decían sabiamente los surrealistas "toda idea que triunfa corre fatalmente a su ruina

-Copypasteado de El Pais

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jueves, diciembre 21

Escepticismo

¿Qué es el escepticismo? No es nada esotérico. Nos lo encontramos a diario. Cuando compramos un coche usado, si tenemos el mínimo de sensatez, emplearemos algunas habilidades escépticas residuales (las que nos haya dejado nuestra educación). Podrías decir: «Este tipo es de apariencia honesta. Aceptaré lo que me ofrezca.» O podrías decir: «Bueno, he oído que de vez en cuando hay pequeños engaños relacionados con la venta de coches usados, quizá involuntarios por parte del vendedor», y luego hacer algo. Le das unas pataditas a los neumáticos, abres las puertas, miras debajo del capó. (Podrías valorar cómo anda el coche aunque no supieses lo que se supone que tendría que haber debajo del capó, o podrías traerte a un amigo aficionado a la mecánica.) Sabes que se requiere algo de escepticismo, y comprendes por qué. Es desagradable que tengas que estar en desacuerdo con el vendedor de coches usados, o que tengas que hacerle algunas preguntas a las que es reacio a contestar. Hay al menos un pequeño grado de confrontación personal relacionado con la compra de un coche usado y nadie afirma que sea especialmente agradable. Pero existe un buen motivo para ello, porque si no empleas un mínimo de escepticismo, si posees una credulidad absolutamente destrabada, probablemente tendrás que pagar un precio tarde o temprano. Entonces desearás haber hecho una pequeña inversión de escepticismo con anterioridad.

Ahora bien, esto no es algo en lo que tengas que emplear cuatro años de carrera para comprenderlo. Todo el mundo lo comprende. El problema es que los coches usados son una cosa, y los anuncios de televisión y los discursos de presidentes y líderes políticos son otra. Somos escépticos en algunas cosas, pero, desafortunadamente, no en otras.

Por ejemplo, hay un tipo de anuncio de aspirina que revela que el producto de la competencia sólo tiene una cierta cantidad del ingrediente analgésico que los médicos recomiendan (no te dicen cuál es el misterioso ingrediente), mientras que su producto tiene una cantidad dramáticamente superior (de 1,2 a 2 veces más por cada pastilla). Por tanto deberías comprar su producto. Pero ¿por qué no simplemente tomar dos pastillas de la competencia? Nadie te ha dicho que preguntes. No apliques escepticismo en este asunto. No pienses. Compra.
Carl Sagan - "La carga del excepticismo"

Hay dos cosas que no se nos enseña de pequeños: a dudar y a reconocer que no está mal equivocarse. No sé cuál de las dos cosas es más grave. En su ausencia, es muy probable que de mayores no tengamos ideas, sino ideología, que implica apego y es más difícil de cambiar. Las ideas no son entes que se puedan abrazar y arropar por las noches: son entidades abstractas. Desechables. No tengan miedo de tirarlas lejos.

Para empezar, duden. Duden de los adivinos que salen por televisión y de los profetas que hablan por la radio. A veces es fácil identificarlos: visten de forma estrafalaria y hablan con acento extraño del futuro individual, del fin del mundo, del momento en que ya no le preocupará a nadie la cuota de la hipoteca. En otras ocasiones es más difícil: visten con traje y corbata y hablan con términos técnicos del futuro global, de cambios en el sistema, de por qué debería preocuparles la cuota de la hipoteca. Unos y otros se equivocan, pero es comprensible: les pagan por estar en el aire hablando y rellenando minutos, no por acertar en sus predicciones. Pero en el fondo nos gusta escucharles: sería tan bonito vivir sin incertidumbre. No es nada cálido oír a alguien decir que tu sitio en el mundo dentro de un año, salvo caso de fuerza mayor, depende únicamente de ti. La gente cambia de canal al escuchar eso; es mucho más tranquilizador saber a ciencia cierta qué pasará la semana que viene. Aunque sea mentira.

Equivóquense. Yerren. Significará que por lo menos lo han intentado. Tengan muy presente que, para hacer algo bien, primero hay que hacerlo mal. Varias veces. Pero queremos hacer las cosas bien a la primera. Hacerlas mal es una pérdida de tiempo. Y necesitamos gran cantidad de él para aburrirnos en casa. Equivocarse es fracasar. Y una mierda.

-Copypasteado de Las Penas del Agente Smith

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miércoles, noviembre 16

Iceta acusa; Federico tambien

Megacopipasteado que hago de un articulo de Periodistas21

El portavoz del PSC-PSOE, Miquel Iceta, carga contra la brunete mediática en la estela de las denuncias del ministro José Montilla y el repaso de El Periódico a la prensa de guerrilla. Y en la Cope y Libertad Digital, Federico Jiménez Losantos y el resto de acusados celebran la campaña contra la emisora de los obispos. Ya tienen lo que querían, la crispación desatada y los micrófonos y las columnas como bastiones de resistencia teñidos de una heroicidad que desafía al Cantar de Mío Cid.
Santiago y cierra España contra los que empuñan el abrelatas de la España plural.
En La Vanguardia las cosas pintan feas. Su última encuesta muestra que la crispación, como en 1993, como en el 1995, como en el 2003 y el 2004, es mala y perjudica los intereses de muchos. La reforma del estatut divide a los españoles, el PP supera al PSOE en intención de voto, Esquerra pierde en la pelea, el PSC, también.
Malas noticias para la izquierda y los nacionalistas. Demasiado ruido, demasiado lío, demasiada agresividad. La convivencia se deteriora y la gente duda y quiere paz.
Hasta en los antaño plácidos gratuitos piden balas con mejor puntería histórica contra los agitadores y el director de 20 Minutos debe exigir disculpas por el artículo francotirador a su autor.
Iceta se queja y acusa. Federico, también.
Un año y medio después del enorme rechazo de una gran parte de la población a la gestión del gobierno de José María Aznar y el PP, con la gente echada a la calle y los medios por el dolor del 11M y la búsqueda de respuestas, el talante de José Luis Rodríguez Zapatero se ha hundido en las peleas con un Partido Popular inflexible, con los medios de nuevo convertidos en arietes políticos y la gente más deseosa de paz y concordia que de cambios.
En la polarización terrible de la sociedad ese famoso centro que decide las elecciones y las encuestas tiembla y frena.
Los púlpitos de las iglesias, los micrófonos, los editoriales y columnas echan fuego. Amenazas, terribles apocalipsis, licencias de emisoras en duda, la libertad de expresión y de crítica tensada hasta la rotura.
La publicidad negativa cala. Los neoconservadores americanos se hicieron maestros en la estrategia y los demócratas se enfangaron. De las dudas sobre el héroe John Kerry a los falsos expedientes militares de George W. Bush y mucho más.
Iceta denuncia: no es sólo anticatalanismo, van a por Zapatero y las reformas. El Periódico y El País coinciden en el diagnóstico. Iñaki Gabilondo se suma desde la recién estrenada (nunca tan a tiempo) Cuatro.
Federico orquesta y declara liberticida a Zapatero antes de que se consume ningún asesinato. Pedro J. dirige a golpe de carta dominical la estrategia de Mariano Rajoy y los tambores retumban. Y el domingo es 20N y se cumplen 30 años de la muerte demorada del dictador en pleno auge de revisión histórica y guerracivilismo agresivo.
Ya estamos de nuevo. Como hace poco más de un año. Enfrentados como nunca.
¿Hay salida? ¿Ejercen la Cope y otros medios la crítica legítima o retuercen la información hasta la mentira? ¿Dónde empieza la información y acaba la opinión?
¿Se olvidan de que la opinión también debe ser veraz y fundada?
El consenso es que hay problemas y el gobierno se ha equivocado en algunas estrategias, coinciden muchos.
Que al PP la úlcera de la pérdida del poder le sangra como las llagas de nuestros cristos barrocos no hay más que verlo. No digiere el revisionismo de muchas de sus últimas medidas. El mal gusto en la boca le provoca parálisis, cólera y un vómito hecho pactismo de estado entendido con obligado alineamiento a sus tesis. Lo otro empieza a no ser democrático aunque la mayoría del Congreso lo apruebe. No están solos, dicen, en un ejercicio de negar la democracia representativa mientras se lucha por acotar la llegada de las minorías a los parlamentos.
Mal ambiente. Editoriales a cañonazos y espadas en los labios de cada tertuliano.
Iceta acusa. Federico, también.
Unos con más razón que otros. Unos con mejores formas que otros. Unos con mayor exigencia moral que otros. El diálogo no existe, la violencia agrieta las palabras hasta convertirlas en puñales.
Y la gente, como dice la encuesta de La Vanguardia, no pasa por este nuevo enfrentamiento. Políticos, periodistas y demás actores públicos están obligados a hacer una seria reflexión, porque un país no puede vivir en el enfrentamiento permanente. Entonces las balas mandan. Y nadie quiere vivir bajo amenaza.

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miércoles, octubre 5

La venganza de los "piratas"

Tanya Andersen, una madre soltera, discapacitada, de 41 años acaba de pegar un golpe a la RIAA con la misma moneda que esa organización está atacando a muchos usuarios de Internet: Una demanda gigantesca en todo sentido

Andersen acusa a la RIAA de: fraude, invasión de la privacidad, abuso del proceso jurídico, invasión electrónica de su propiedad, violación del Acta de Fraude y Abuso Electrónico, Negligencia Representativa, Prácticas comerciales deshonestas y, lo mejor, violación del acta RICO.

La demanda, patrocinada por el estudio Beldock Levine y Hofman esta completa en este blog, y es bastante interesante porque en 65 puntos describe todas las tácticas de “miedo” con las que la RIAA está atacando; con datos precisos, cada punto de su contrademanda.

Tal vez, lo más fuerte es citar al acta RICO, que fue creada y modificada siempre con la intención de perseguir al “Crimen Organizado” y que apunta a que si pierden el juicio por jurados, todos sus bienes malhabidos pueden, y deben, ser confiscados por el estado, hasta los 14.000u$s que le sacaron hace unos años a un estudiante de secundaria.

Y, si de atacar donde duele se trata, la demanda viene en serio y bien apuntada:

1- Pide un Juicio por Jurados, un buen golpe a las relaciones públicas, porque, seamos sinceros, ¿cuantos jurados van a decir que una “madre soltera discapacitada de 41 años” es una pirata que amenaza a la industria discográfica?.. un buen golpe de efecto, que no me parece mal aplicado.
2- El punto 52 de la demanda habla del estrés y problemas sociales y emocionales que le causó esta demanda de la RIAA y es el primer paso para reclamar “resarcimiento económico por daños y perjuicios que en USA no tienen límite y están atados a la capacidad económica del demandado.

En algún momento uno de los perseguidos por la RIAA iba a reacciones y no se iba a dejar amedrentar, afortunadamente fue Tanya Andersen con un contraataque genial.

By Denken Ürber

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